Solo un año después, los síntomas del coronavirus desaparecen en quienes se han recuperado

El COVID a largo plazo causa muchos síntomas diferentes de daño al tracto respiratorio, el corazón y otros sistemas vitales del cuerpo, atormentando a una persona durante al menos seis meses después de sufrir una enfermedad aguda. En el 23% de los pacientes con coronavirus, los síntomas finalmente desaparecen después de un año.

El mayor estrés experimentado por los supervivientes de la caída de las Torres Gemelas en Nueva York y el huracán Katrina está provocando el coronavirus.

En particular, los pacientes que sobrevivieron al coronavirus experimentan estrés postraumático en el 30% de los casos, al igual que los que sobrevivieron al huracán Katrina (20%).

La mayor preocupación para las personas con COVID-19 es cuando los síntomas persisten incluso después de la recuperación. Según estudios internacionales, incluso después de un año, solo el 23% de los pacientes no presentaban síntomas.

Así lo destacó la especialista en enfermedades infecciosas Eftimia Yannicioti, directora científica de las clínicas COVID del hospital Tzanio, directora de la 4ª clínica NSS del hospital Attica.

La especialista expresó su opinión durante un evento científico realizado el día anterior en el Instituto de Investigaciones Científicas.

Para el tratamiento de una condición post-COVID o COVID a largo plazo, es necesario el seguimiento de los pacientes por parte de médicos de diferentes especialidades con el fin de lograr la máxima recuperación posible, ya que, dependiendo de la gravedad de la enfermedad, existen condiciones que pueden cambiar ligeramente, mientras que otros síntomas desaparecen después de seis meses o más.

En esta dirección, los hospitales comenzaron a organizar clínicas para el tratamiento del COVID prolongado. Ippokratio ya cuenta con un policlínico con neumólogos, psiquiatras y cardiólogos, y en el Hospital Tzanio, la clínica correspondiente monitoriza a los pacientes que se han recuperado del coronavirus, en colaboración con el servicio de urgencias y el servicio clínico de COVID.

El profesor de neumología Stylianos Lukidis, hablando en el evento, destacó que después de la fase aguda de la enfermedad, es necesario el control durante las primeras 4-6 semanas, aunque se detectaron problemas respiratorios incluso 12 semanas después de la infección. También destacó la necesidad de un reexamen para evitar complicaciones que puedan derivar en discapacidad debido a posibles daños (fibrosis) de los pulmones o enfermedad vascular.

Por su parte, Cristina Chrysochu, jefa del servicio de cardiología del Hospital Ippokratio, destacó la necesidad del seguimiento de los que se han recuperado y la cita de reconocimientos como cardiograma y ecografía.

Los expertos señalaron que aún no se han desarrollado recomendaciones específicas para el tratamiento de pacientes con COVID persistente. En particular, la Sra. Giannizioti señaló los datos en constante cambio sobre los parámetros físicos y mentales que dificultan la clasificación de los síntomas.

El especialista enfatizó que la aparición de COVID a largo plazo se asocia con un efecto secundario del virus en los tejidos, complicado por la inflamación a largo plazo que provoca. El virus altera el microbioma intestinal, los linfocitos T y B, y también afecta al cerebro, provocando complicaciones en el sistema nervioso central.

La enfermedad prolongada después de la fase aguda ocurre a cualquier edad, independientemente de la gravedad de la enfermedad. Pero es más común en mujeres obesas de 50 a 70 años. Los principales síntomas son dificultad para respirar, fatiga y dolor de cabeza. Además, se observan estrés, depresión, afecciones postraumáticas, taquicardia, artritis y mialgias, diabetes mellitus, tiroiditis y en un 20% alopecia (calvicie).

Según los ingresos hospitalarios del Hospital Tzanio, el 20% de los pacientes atendidos regresaron al hospital dentro de los seis meses, de los cuales el 4,4% fueron reingresados ​​por fiebre, arritmias, dolor torácico o neumonía.

Según un estudio publicado en la publicación competente Lancet, dentro de los seis meses posteriores al inicio de la enfermedad, el 33% de los pacientes desarrollaron trastornos neuropsiquiátricos. Mientras que en otro estudio publicado en la revista Clinical Infectious Diseases, el 43,6% tenía deficiencias neurocognitivas 12 meses después de la enfermedad. Y solo el 22,9% de los pacientes no presentaban síntomas.





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